En los últimos años, el sector residencial ha dado un paso al frente y cada vez hay más voces, tanto de los propietarios de que viven en comunidades de vecinos como de los agentes que operan en el sector de la energía, que demandan soluciones energéticas adaptadas a un nuevo contexto, donde el trinomio sociedad – economía – medioambiente será clave en la organización de las ciudades y regiones rurales de España. Es por ello por lo que, en el momento actual, se está abriendo un periodo de reflexión teórica e innovación tecnológica que invita a pensar y definir Smart Grids orientadas a configurar comunidades energéticas residenciales cuyo objetivo sea mejorar la sostenibilidad de los edificios de viviendas, y, por consiguiente, la convivencia misma entre vecinos.

Pero yendo un paso más allá, la reflexión invita a pensar que las comunidades energéticas residenciales han venido para quedarse, y lo cierto es que no será una moda pasajera aupada desde los gobiernos supranacionales hasta los locales, sino que, serán las propias personas y no las organizaciones el motor de este cambio. Lo único que queda por esgrimir es, si las comunidades energéticas tendrán o no fecha de caducidad en el largo plazo. Todo parece indicar que no.

Un poco de contexto

En el momento actual, más del 65% de los españoles vive en comunidades de vecinos, por lo que dentro del amplio sector residencial esta peculiar forma de convivencia que tienen los españoles merece una especial atención en cuanto a las necesidades energéticas que se pueden derivar de su forma de organización.

Por todos es sabido que la energía solar fotovoltaica ha penetrado en la sociedad de manera vertiginosa en los últimos dos años, y más concretamente, la energía solar para autoconsumo. Entonces, se abre una nueva ventana llena de oportunidades, tanto para los propietarios de las viviendas de las comunidades como para los agentes que operan en el sector. El autoconsumo compartido en las comunidades de vecinos es el presente y el futuro de estas. Todo esto, junto con el apoyo de los organismos públicos y la reducción de costes y procesos, ha propiciado la creación de un caldo de cultivo perfecto para proyectar las comunidades energéticas del siglo XXI más comprometidas con el medioambiente y la sostenibilidad.

Un nuevo escenario energético basado en la generación y autoconsumo de energía renovable dentro de las comunidades de propietarios es el futuro. Hoy en día son los propios vecinos los que se ponen en contacto con las ingenierías en búsqueda de un proyecto de cogeneración que satisfaga sus necesidades. La labor pedagógica ya está realizada, las personas ya son conscientes de que deben apostar por autoconsumo como medida de ahorro económico y sostenibilidad de sus viviendas. Ahora se abre la puerta de realizar una educación más especializada que engloba los aspectos técnico-económicos que analicen la rentabilidad a la hora de llevar a cabo un proyecto fotovoltaico para autoconsumo compartido.

Smart Grids y Blockchain para crear comunidades energéticas

Cómo punto de partida para realizar un análisis de la cuestión que se plantea en este artículo debemos esclarecer que es autoconsumo compartido, autoconsumo colectivo o comunidades energéticas en el sector residencial. Este concepto debe ser definido de manera sencilla, por tanto, autoconsumo compartido es la generación eficiente de energía de manera conjunta por un grupo de particulares que se benefician de manera directa, en sus viviendas y en su factura de la luz, de la energía que produce el punto generador de energía, que normalmente será a través de una instalación fotovoltaica ubicada en la azotea o tejado de su edificio.

La evolución tecnológica implica que haya que hablar de más conceptos que se integran , y en ocasiones ya no resultan tan simples. Si hablamos de comunidades energéticas tenemos que hablar de Smart Grids y Blockchain aplicados al sector energético, de hecho, el autoconsumo compartido nace de la mano de las Smart Grids Y Blockchain.

Por tanto, si hablamos de generación y gestión eficiente de la energía en los edificios de viviendas, debemos hablar de Smart Grids, que en sí mismo significa distribución inteligente en la red eléctrica combinando las redes de distribución energéticas con las TICs, capaces de gestionar la energía de manera más eficiente. De manera que, como redes inteligentes capaces de transmitir energía de manera bidireccional dan pie a la creación de estas comunidades energéticas en el que los vecinos de las pequeñas comunidades puedan convertirse en pequeños productores de energía para su uso personal, siendo capaces de cubrir la demanda de los electrodomésticos, luz, sistemas de recarga de vehículo eléctrico, calefacción, ACS, etc., o para volcar parte de energía a la red, ya sea en régimen de la venta o mediante la compensación de excedentes en el autoconsumo compartido.

Estas Smart Grids nacen con la aplicación de sistemas Blockchain en el sector energético. El Blockchain aplicado al sector energético se asocia al concepto de economía compartida, lo que lleva a contemplar nuevos modelos de mercado y democratización de la energía. El Blockchain ofrece pequeñas soluciones tecnológicas que beneficia en muy buena medida a los pequeños grupos autoconsumidores de tal forma que, estos puedan desempeñar un rol más importante en el mercado de la energía y monetizar sus activos.

¿Cuál es la rentabilidad de las comunidades energéticas?

Erróneamente, acometer un proyecto de estas características, en ocasiones, es concebido como un gasto por una parte del sector residencial. Muy lejos de esto, lo cierto es que la instalación de una planta de autoconsumo en una comunidad de propietarios es una inversión. Según las conclusiones de un estudio elaborado por Kanuf Insulation, invertir en proyectos de mejora energética de una vivienda es siete veces más rentable que invertir en la futura jubilación. ¿Por qué? Con un proyecto energético de fotovoltaica se revaloriza el valor de la vivienda hasta un 20%. Además, pese a otro tipo de inversiones, como el plan de pensiones donde el beneficio es a largo plazo, el retorno de la inversión en energía renovable es inmediato. En el momento en que la planta es conectada y comienza a funcionar, cada vecino ve el ahorro de manera directa en su factura eléctrica.

La realidad es que una comunidad energética es rentable en si misma, la reducción de costes y la mejora de la tecnología, aupado por sistemas Blockchain que crean estas nuevas Smart Grids, mejora los retornos de la inversión. Una instalación fotovoltaica puede estar amortizada en cortos periodos de tiempo que van desde los 5 hasta los 10 años. Pero la tecnología no solo ayuda a abaratar el precio de una instalación de autoconsumo compartido, sino que también ayuda a alargar la vida del producto/servicio. Hace no muchos años la edad media de las células fotovoltaicas era de 20 años. Hoy día, una planta fotovoltaica tiene una vida de 30 años, que sumado a un correcto mantenimiento puede llegar hasta los 35 años, más allá de la garantía que ofrecen los propios fabricantes de los componentes que componen estas instalaciones.

Las formas de pago y/o amortización invitan también a reforzar la idea de inversión y no de gasto. En el sector se opera mediante los EPC (Engineering, procurement and construction), mediante el cual la ingeniería se encarga de todo y la comunidad tiene que amortizar el coste de la inversión, que siempre se pagará con el ahorro generado. El otro modelo de relación es a través del PPA On-site (Power purchase agreement), esto es, la empresa genera una energía con la instalación y los vecinos se comprometen a consumir prioritariamente la energía que genera la instalación solar a un precio más barato que el de mercado.

Otro mecanismo que ayuda a la rápida recuperación de la inversión es la compensación por el excedente que genera la planta. Siempre que la planta no supere los 100 kWp nominales, los vecinos de la comunidad podrán volcar este excedente a la red y ver su factura compensada por su comercializadora.

¿Qué dicen los organismos gubernamentales acerca de las comunidades energéticas?

Es una buena noticia saber que las administraciones públicas, a todos los niveles se están volcando con esta cuestión. Desde la Unión Europea hasta las pequeñas corporaciones locales están tomando medidas muy optimistas para que la organización de los pueblos y ciudades se configure alrededor de comunidades energéticas.

La legislación es muy favorable. Desde los acuerdos adoptados por Europa, hasta la aprobación de los RD 15/2018, después del RD 244/2019, que reducen las trabas administrativas y allanan el camino a la aparición de estas comunidades, pasando, claro está, por las agrupaciones del sector, como UNEF, que piden una actualización de la Ley de Propiedad Horizontal, para que el acuerdo entre vecinos sea más sencillo y acelere, aun más, la aparición de comunidades energéticas.

Finalmente, no hay que olvidarse de los incentivos económicos. Desde subvenciones directas sobre los proyectos fotovoltaicos, hasta ayudas indirectas mediante la bonificación de impuestos. Más de 300 millones de euros están por llegar desde Europa para incentivar la aparición de estas pequeñas agrupaciones de autoconsumidores. Además, según la ciudad o pueblo, los vecinos se pueden ver bonificados con la deducción de impuestos, bien sobre descuentos por periodos anuales del IBI, o bien por descuentos en el ICIO.

Aspectos económicos

Uno de los aspectos más relevantes a la hora de acometer un proyecto fotovoltaico para autoconsumo compartido en una comunidad de vecinos es analizar de la rentabilidad que puede tener tanto para la ingeniería instaladora como para los propios vecinos. Generalmente el proyecto será rentable por sí mismo, aunque diferentes elementos técnicos de la propia instalación pudieran hacer que fuera inviable para las dos partes.

A la hora de realizar un análisis habría que tener en cuenta diferentes aspectos que son los que configuran el precio final de la instalación fotovoltaica, los más importantes:

  1. Patrón de consumo de la comunidad (elementos comunes y viviendas), dependiendo del tipo de contratación del cliente la factura se puede reducir entre un 50-70%.
  2. La tecnología que se utilice, en función del tipo de paneles solares, inversores, sistemas de monitorización, el precio podrá depender en tanto la tecnología utilizada sea mejor.
  3. Otros aspectos legales como, legalización, garantía de producción, inspecciones, trámites burocráticos con la administración, seguros, PRL, etc.

En cuento a la rentabilidad, las auditorías que hemos realizado en E4e Soluciones, que superan el millar de comunidades, nos dice que es rentable para más del 80% de las mismas, con un retorno de la inversión en periodos comprendidos entre los 5 y los 10 años.

¿Cómo contribuye una comunidad energética al medioambiente?

Otro aspecto muy importante en la mente de los propietarios de las viviendas es el compromiso social y medioambiental que adquieren a la hora de aprobar la instalación de una planta fotovoltaica en su azotea. Esa necesidad de aportar un pequeño grano de arena en pro de combatir el cambio climático.

Pero no solo eso, con la puesta en marcha del proyecto fotovoltaico, de manera particular cada vivienda acogida al proyecto verá cómo su inmueble se revaloriza, además de mejorar la calificación energética de cada inmueble.

La conclusión después de varios años de trabajo es que, en ocasiones, este es el punto diferenciador a la hora de tomar una decisión, junto, claro está, con el ahorro económico que supone para la factura mensual.

¿Cómo es una comunidad energética residencial?

Tras escuchar, analizar y entender las necesidades de los clientes, en E4e Soluciones hemos sabido interpretar qué es lo que esperan los propietarios del sector y de la empresa que les realice el proyecto. Por eso, nuestra amplia experiencia dentro del sector, en este periodo tan corto de recorrido, nos ha llevado a estudiar y analizar las posibilidades de más de un millar de comunidades, y como consecuencia, a firmar con varias de ellas.

A continuación, a modo de ejemplo, se exponen los datos más relevantes de nuestra primera comunidad energética proyectada en una comunidad de propietarios:

  • Superficie disponible en cubierta: 3042 m2
  • Número de propietarios que participan en el proyecto: 304
  • Potencia de la planta fotovoltaica: 287 kWp
  • Ahorro económico: 77.668 euros
  • Amortización de la planta: 5 años
  • Ahorro IBI: 63.140 euros anuales los próximos 3 años

Conclusión

Tal y como se decía en las primeras líneas de este artículo, se ha creado el caldo de cultivo perfecto para que el auge de las comunidades energéticas en el sector residencial no solo sea contenido teórico, sino que, que en el futuro a corto plazo sea el denominador común de la forma de convivencia de más del 65% de la población española.

La legislación, la tecnología, la reducción de costes y procesos, la implementación de Smart Grids y Blockchain, la reducción de trabas administrativas, las ayudas y subvenciones que empiezan a llegar y las que aún están por venir, el compromiso de los vecinos, y la apuesta por los operadores del sector, propiciará que no dentro de mucho tiempo, desde una vista de pájaro de las ciudades, podamos observar azoteas cubiertas de paneles solares. Además, los vecinos de estas comunidades podrán observar, mes a mes, como disminuye su factura eléctrica a la vez que aportan su granito de arena a la mejora de la sostenibilidad del planeta.

¿Te gustaría dar el paso y hacer una comunidad energética con tus vecinos?

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