El Gobierno de España acaba de publicar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Una resolución en el que se muestra el compromiso respecto a diferentes iniciativas a las que están llamados no sólo los gobiernos nacionales, sino también las autoridades regionales y municipales. Ademas de la sociedad civil y el sector empresarial. En el siguiente artículo seleccionamos los datos más relevantes respecto al futuro del sector energético en España.

Objetivos de desarrollo sostenible

El documento está estructurado en ODS (Objetivos de Desarollos Sostenible ). El ODS 7 se centra en el sector energético y busca garantizar el acceso universal a una energía asequible, segura, sostenible y moderna.

Así,  se habla de  “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”. Esta confluencia de objetivos se gestionará por primera vez en España desde el mismo departamento ministerial, denominado Ministerio para la Transición Ecológica.

A diferencia de la Unión Europea (UE-28), España no ha conseguido todavía desacoplar en términos absolutos el crecimiento de su economía de las emisiones de gases de efecto invernadero.

ENERGÍAS FÓSILES: En España las constituyen el núcleo del sistema energético, ya que representan el 74% de la energía primaria. Las energías renovables suponen el 14% y la nuclear, el 12% restante. De ahí que la gran mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero se imputen al sistema energético (77% en 2015 y 75% en 2016). Y dentro de él, los dos máximos responsables sean el transporte (28% de las emisiones totales) y la generación eléctrica (18% de las emisiones totales). El carbón, que con diferencia es el combustible fósil más emisor de CO2 aporta el 12% de la energía primaria y el 17% de las emisiones totales de CO2.

PETRÓLEO: Supone el 42% de la energía primaria y genera el 52% de las emisiones totales. Finalmente, el gas natural aporta el 20% de la energía primaria y genera el 15% de las emisiones totales. Su uso se concentra sobre todo en el sector industrial.

GAS: En la generación eléctrica ha descendido de manera radical en la última década la utilización media de las centrales fue de 1.104 horas, muy por debajo de su potencial. La paulatina penetración de fuentes renovables implementaría beneficios, tanto de carácter medioambiental, en forma de reducción de emisiones, como de carácter económico, traducidos en generación de empleo, creación de nuevo tejido empresarial, reducción de la dependencia exterior, mejora de la balanza de pagos, etc.

CARBÓN: La descarbonización del sector es un reto de enormes proporciones y pasa por priorizar la inversión en transporte público, dar un fuerte impulso a los modos no motorizados, peatonalizar los cascos urbanos, electrificar la movilidad en las ciudades e incentivar el trasvase del tráfico de mercancías a medios más sostenibles (ferrocarril y barco), entre otras acciones.

Energía y edificación

En lo que se refiere a los aspectos energéticos de la edificación, España cuenta con más de 25 millones de viviendas cuya calidad energética media no es buena. De hecho, el 53% del parque fue construido antes de 1979 y carece de aislamiento térmico. El 7% del parque de viviendas cumple la normativa establecida en el Código Técnico de Edificación CTE 2006 y solamente un 1% cumple los índices exigibles en la actualidad. En ese sentido, la electrificación sistemática de los entornos urbanos, combinando equilibradamente la generación distribuida, con el aprovechamiento de las economías de escala de grandes instalaciones renovables, será una de las líneas de transformación por las que se irá haciendo realidad la transición energética. El objetivo de garantizar el acceso a la energía a todos los ciudadanos, pasa por la asequibilidad del servicio.

 

En el año 2016, un total de 6,8 millones de españoles, el 15% de la población, sufrió de pobreza energética, es decir no pudo poner la temperatura de su casa a un nivel adecuado, o se retrasó en el pago de algún recibo. Este es uno de los objetivos de desarrollo sostenible en los que en los últimos años se han producido retrocesos, algo que debe corregirse con urgencia.

Normativa energética

Por último, la fiscalidad ambiental se debe constituir como una herramienta de gestión del uso de la energía. Abordar una reforma profunda integrando de manera transversal la fiscalidad ambiental resulta crítico para la competitividad de nuestra economía. Ese cambio en el modelo fiscal debe ir acompañado al menos en el corto y el medio plazo con medidas sociales compensatorias. La modernización de nuestra actividad económica debe reflejar las cargas ambientales, pero también una justicia social, una equidad que no deje desprotegido a quien tiene más dificultades para el cambio.

 

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